La fiesta en el catamarán

La fiesta en el catamarán

19-05-2020

04:07

Arriba del cuadro en la pared de la sala fue que se paró la cucaracha. La pintura es una ola maloliente y el sonido de la cucaracha muriendo lento por el baygón. Cayó al piso atontada soy una asesina se limpió las antenas. Huyó por debajo de la puerta.

No me esperaba ese sonido - la tela del mar cortándose - tan agrio rebotando detrás del cielo amarillo. Sólo disparé el aerosol por el asco. Soy una cobarde pero la dejaré morir en la oscuridad del baño. Y no revisaré. Mejor le pondré hielo a la bonga.

Densa y dulce, la yerba es una risa mantequilla. Ya me olvidé de la cucaracha. La luz que entra por la ventana me obliga a pensar que debería estar en la playa. Iré mañana. No hay arroz en la despensa y la sandía que partí no está roja. Quedan tres guineos.

Cuando se me pase la nota iré al supermercado. No me gusta que las cajeras sepan que estoy drogada. No sé cómo, pero siempre lo saben. Desde que empiezo a poner la compra en la banda transportadora siento sus cejas rojo vino arquearse. Entrenamiento corporativo, seguro.

Puerro, arroz, sandía, aguacate, auyama, hongos, leche de soya, habichuelas negras, plátano maduro, guineo, pan. No encuentro las llaves de la casa.

Estaban debajo del libro que dejó Silvia en la mesa. De alguna manera un Picanto blanco salió de entre los arbustos y casi me choca. Toco mi cabeza sabiendo que si me hubiese chocado estaría muerta y sin darme cuenta ya estoy en el supermercado. Hace demasiado calor.

Bastante fotosensible camino por el pasillo de las frutas y miro los aguacates. Aprieto seis consecutivos y pongo el penúltimo en el carrito. Una señora agarra una sandía del tamaño de mi cabeza y la golpea con sus nudillos. Todo es silencio menos el vacío que sale de la fruta.

Me quedo mirando a la señora levantando cada una de las sandías. Si ella no confió en ninguna, yo tampoco. Por suerte hay mandarinas.

Termino de buscar lo que falta con una canción cuyo nombre no recuerdo en la cabeza. Trato de no mirar a la cajera a los ojos mientras me dice que la compra hace un total ridículo como siempre. Cuando salgo, hay un chamaquito sentado en mi bicicleta.

Los perros de Camilo sobre una montaña de gravilla. Estaban casi equidistantes sobre una orilla del montículo. ¿Hacia dónde caminábamos? El niño ya no está y pedaleo al principio torpemente. Tenía cara de Manuel. Llego y me tiro en la cama, sudada y triste.

La lengua de Silvia y el lunar de su boca en mi clítoris.

Silvia dice que mañana va a llover. Le digo que no me importa. La última vez que fuimos a la playa, todavía tenía el cabello largo. Recuerdo mirarla nadar hacia mí con un alga enredada en el pelo, ennegrecido por el agua. En el alga, un pequeño cangrejo al que bautizamos Tomillo.

Haremos berenjenas al horno con jengibre, ajo y aceite de ajonjolí. Mientras pico el jengibre hasta molerlo, Silvia me pregunta que a cuál playa vamos y antes de poder responderle, empieza a listarlas. Guayacanes, Juan Dolio, Bayahibe, Playa Serena, Cabeza de Toro, Macao, Miches.

El arroz está listo y su olor me cubre toda la cara. Cenamos en el balcón, al lado del romero y los tomates. Silvia me cuenta que la llamaron de un número extraño para decirle que tenían secuestrada a su mamá. "Les dije que se la quedaran."

Ambas nos reímos con la boca llena de vegetal. Le pregunto que si la llamó para ver si estaba bien y me dice que nadie en su sano juicio se llevaría a esa mujer. Sé que la llamó justo después, pero ni lo menciono. Habría que estudiar más antes de estafar.

Nos paramos para recoger la mesa y una llovizna cae primero sobre la silla plástica del sereno y luego sobre todas las cosas. La brisa entra el agua a la casa y Silvia saca la cara por la ventana, antes de cerrarla. Beso su mejilla y pruebo la lluvia, grama recién podada.

Un chirrido sale de la puerta de la habitación cuando la cerramos. Ayer no estaba. Parece una ardilla bebé. Sueño con ser un pedazo de cartón y me despierto varias veces en la madrugada. Silvia ronca suave, con un hilo de baba bajando por su buche.

La vecina toca el timbre estúpidamente temprano y nos presenta a una evangélica. Antes de que la sierva pueda decir una palabra, le cierro la puerta en la cara. Desayunamos pan tostado con mantequilla y miel, té verde, sandía y guineo. El día quema de lo brillante.

Enrolamos dos bates y decidimos, en contra de toda lógica humana, ir caminando al Parque Enriquillo. El sudor baja desde mi nuca hasta mi nalga y Silvia habla de raparse el caco. Llegamos entre vapores. Alcantarilla y naranja fermentada.

Dos tigueres nos vocean mami rubia wat yu sai. Otros hombres más nos ofrecen encontrarnos una guagua a JuanDolioBayahibeJuanDolioGuayacane. Nos imagino rompiéndoles los dientes de una sola trompada como hermosas justicieras y ella ya está pagando el ticket de la guagua.

En sus cabezas supongo se piensan como galantes a caballo con penes gigantes y un pote de romo e infinitos vasos de foam con hielo uno dentro de otro y labia labia labia. El asiento de la guagua huele a mocato y guayaba. Silvia me agarra la mano y olvido. Miro el mar.

Al final, decidimos ir a Guayacanes. Llegamos y compramos una jumbo en el colmado. Si en la ciudad hacía calor, aquí siento las suelas de los zapatos derretirse y dejarme algo pegada al suelo. Todo parece un espejismo danzante, excepto la cerveza y el ruido de los motores.

El milagro del freezer dominicano a veces es lo único que nos mantiene a flote. Un gringo color langosta intenta pedir media Marlboro. No sé si está borracho o sólo es idiota. Los del colmado se burlan y le dan sus cigarrillos. Silvia le pasa un lighter. Thank you, thank you.

El segundo vaso de cerveza y ya está caliente. Se la dimos al gringo que se veía triste y como esperando a alguien. La arena se me mete en los zapatos y los ojos y el mar florece escarchado. La brisa se roba mi sombrero.

Por suerte no llega lejos y en el aire lo atrapo como un frisbee. Me río y Silvia me pregunta que de qué me río y le digo que de nada y meto el sombrero en la mochila. La toalla roja de ella sobre lo pardo de la arena. Debajo de la sombra de una uva de playa, nosotras.

Pongo la cáscara de una mandarina en el muslo de Silvia. Me gusta escribir su nombre. Y ella ni me mira, sólo se quita el t-shirt. Tiene un trajebaño azul. Mastico el cítrico y el jugo entre mis dientes me hace pensar en estar en el agua. También me quito la ropa.

Canción de sal tibia al entrar con ella en el mar. Estamos solas salvo por una perra y sus dos flacos cachorros. Parece que alguien dejó un pedazo de carne en la arena y los pequeños animales se pelean. Su mamá los mira, lamiéndose. El hueso de pollo se rompe y comen rabiosos.

Silvia intenta subirse a mis hombros y bebo agua salada. Nos reímos. Le pregunto que si quiere fumar y salgo a buscar la yerba. Uno de los perros me ladra tan suave que casi lloro. Tiene los ojos del color de la playa. Reconstruyo el bate, algo aplastado.

Un potecito amarillo de vinagre flota detrás de Silvia. Lo miro, con ambas manos arriba. Las bajo para prender el bate, intentado evitar la brisa. Me acerco a ella y uso su espalda de escudo. La llama la ilumina suavemente. Ella se voltea y la beso con la yerba.

Fumamos mientras la arena se moldea a nuestros pies. Hablamos de cualquier cosa. El sol fríe las palabras y las olvido rápido. Salgo a guardar el lighter, envuelta en tibieza. ¿Silvia dijo algo? Cuando volteo, ya está nadando. No, haha. Bebo agua. Le doy también a los perros.

Me tiro en la toalla. Las hojas de la uva de playa se mueven con el viento y cierro los ojos y por momentos no sé qué es el mar y qué es el árbol. Pienso en nombres para los perritos. Pardo, Brisa, Costa, Yaniqueque, Batata, Culebra, Silvia se tira al lado mío y me pierdo.

La arena que levantaron nuestros cuerpos aún flota sobre nosotras. Me pregunta que si tengo hambre y se ríe. Claro. Trajimos sándwiches con mozarella, pesto y tomate, mangos, aceitunas. Los perros nos miran comer pero se distraen con un hombre vendiendo chicharrón.

Mastico y pienso en la arena. ¿Cómo se mantiene estática en el aire? El viento nos seca el cabello e igual, permanece. ¿La ves? ¿Qué cosa? Señalo una constelación seca. ¿La brisa? No. ¡Ah! Si unes los puntos parece un payaso. Sí. Kanky, pero preso.

Terminamos de comer cuando volvieron los perros. Se ven felices luego de correr. El más pequeño tiene cara de Batata, definitivamente. Pienso en raptarlo y darle la mejor de las purinas pero desisto del pensamiento cuando lo veo jugar con su hermana.

Para evitarme la crueldad tendría que llevármela también a ella y no podemos. A chepa cabemos Silvia y yo en el apartamento. Me conformo con verles moderse suave en las orejas. Silvia también les mira y sé que pensamos lo mismo. Casa con jardín. Fruta y flor.

En vez de besarla, imagino besarla. La miro e imagino besarla. Pienso en besarla. Pienso en besarla todo el tiempo. Y mientras pienso en besarla, ella me besa. Ella me besa salada y caliente y hermosa y los perros ladran todavía suave y la brisa y la brisa y la brisa y su boca

y mi mano en su cabello y mi mano en su cara y su mano en mi cara y la brisa aún y la arena entre nosotras se compacta y ya, ya la brisa no nos toca porque flotamos protegidas por pardos cristales solares y nos besamos y nos besamos y nos besamos y nos besamos.

Mareada alejo mi cara y agarro su mano para dibujar tontamente un círculo en la arena. Silvia sonríe y dice que me ama. Yo también la amo. Sin soltarla, me paro y ella me sigue. Entramos de nuevo al agua y nadamos evitando las algas. El día es eterno y feliz entre las olas.

Al menos siete perros muertos en la carretera.

Es difícil seguir escribiendo con los perros en la cabeza.

¿Hacia dónde caminábamos?

Recorro la ciudad en mi cabeza. Llegamos a la casa y la mata de tomate está en el piso. No quiero pensar en eso. No quiero pensar en nada que no sea en esa noche. Un motor azul. Silvia me está hablando. ¿Qué me está diciendo? Los tomates. El gato de la vecina. Ah.

Un bajo a yerba quemada me devuelve a mi cuerpo. Olvidé la changa en el trajebaño. La saco y la miro como si fuese a hablarme. "Vete a bañar", dijo, creo. La dejo en el suelo con los tomates.

Estoy segura de que esa noche que conocí al Search pasó algo que debería recordar. ¿Hacia dónde era, a dónde íbamos? Mierda, qué tibia está el agua.

Desde afuera Silvia me pregunta que si estoy bien. No respondo. Silvia pregunta de nuevo. No respondo. Silvia pregunta que si quiero un té. Sí.

Salgo del baño con más calor que con el que entré y me siento desnuda en la orilla de la cama. Si doblamos en esa esquina tendríamos que estar yendo al Castillo. Silvia llega con la taza y no dejo que se enfríe. Sorbo y sudo y espero a la memoria. Pongo el abanico en cuatro.

¿A quién era que le tocaba traer el hielo? Me arreglé los pantalones y se me rompieron las esquinas de los panties. ¿Que a quién era que le tocaba el hielo?

En el Castillo estábamos mirando la computadora como siempre atontades una mujer vietnamita (¿?) narra su vida entera sobre una silla mecánica en los pasillos de Walmart unos niños en Cambodia tocan pequeños instrumentos un delfín en 3D tells us to not cross do not

y en Facebook los eventos una quermés evangélica unos quinces un concierto de salsa una fiesta en un catamarán

Tal vez escribir esto en primera persona sea un error.

No encuentro todavía cómo describir la fiesta y lo que nos llevó a ella. Me pierdo entre memorias de otras cosas, igual de difusas. Una melcocha pegada a la parte de atrás de mi cabeza.

Oigo a Silvia gritar y me envuelvo en la toalla para ver qué pasa. La encuentro mirando el chorro de sangre que sale de la palma de su mano. En la meseta, un cuchillo y cáscara de plátano. Vuelvo al cuarto para buscar alcohol y una venda.

- ¿Cómo te hiciste eso? - Me distraje, no sé. Pensaba en mi mamá. Le limpio la herida y la envuelvo para que pare de sangrar. - ¿Crees que necesite puntos? La desenvuelvo y examino como que sé lo que estoy haciendo y la vuelvo a envolver. - No, no creo

- Tenía ganas de freír plátanos Hay un plátano maduro a medio pelar en el fregadero. - Ve acuéstate, yo lo hago. Termino de pelarlo y lo pico en diagonal. Extraño cuando vendían Maduritos. Ahora ya no existen. Frito Lays quebró hace años.

El aceite burbujea y por un segundo pienso en sumergirme hasta desfigurarme. Ignora eso. Ignora eso. Llevo el plato con las doradas tajadas hasta la cama donde Silvia parece contar la grietas del techo. - ¿En qué era que pensabas?

Comemos casi quemándonos la boca. Ella me cuenta un recuerdo: Cuando Silvia tenía 13 o 15 años, su mamá, Inés, se fue de la casa. Duró como 8 meses sin llamar ni escribir ni dar señales de vida. Toda la familia la dio por muerta.

Un día, Inés se apareció en el colegio buscando a Silvia después de clases. Andaba en el carro de la casa, con un hombre en el asiento del pasajero. - Era el hombre más triste que había visto. Nunca supe su nombre, nunca lo volví a ver.

Cuando llegaron a la casa, su papá no dijo nada. Miró a Inés casi de reojo y prendió un cigarrillo, en el medio de la sala. - Estaba pensando en ese hombre. ¿Te acuerdas del tipo que me llamó el otro día? Su voz me acordó a él.

El piso del catamarán era transparente y debajo de algunas botellas vacías de ron, debajo de tanto vidrio, sólo peces muertos. Peces muertos sin olor nos rodeaban y creo que nos rodearon toda la noche. A Search era que le tocaba traer el hielo según comí boca de unas jevas que

fumaban en una esquina. Tenían puesto unos bikinis fluorescentes y lo cuento porque en serio eran brillantísimos. A Search era que le tocaba traer el hielo.

Esto no tiene nada que ver pero me acabo de acordar de la pana que anunció el asesinato de Dios en Telemicro. Lo dijo vestida toda de negro con la boca azul necrofilia: La cueva donde se escondía Dios la demolió la Barrick Gold. Dios está muerto.

No lo vi en Telemicro, lo vi en Twitter entonces no sé qué pasó después. El video no aparece. Se supone que explicó que fue intencional. Dios no había muerto, lo habían matado. Silvia roncaba al lado mío.

Decidimos ir porque en lo que brechábamos a la gente que había aceptado la invitación a la fiesta, empezaron a subirnos las galleticas. Y justo ahí, el perfil del Search. Era un tiguere altísimo, con el pelo gelatinoso y brillante frente a un motor rojo.

El fondo de la foto, alguna flor entretejiéndose con sus brazos, tenía photoshopeado un framboyán. Él estaba serio pero con los ojos entrecerrados. No sabíamos si por el sol u otra cosa. Tampoco supimos por qué nos interesó tanto. Sólo que teníamos que conocerlo.

Oscar hasta sacó la bonga. Yo fui a buscar una Bohemia. Crucé la calle entre perros viralata hacia el colmado. Sólo quedaban Presidente light. Caminé a tres colmados diferentes. Namás uno tenía, a chepa, Presidente normal. Debí hacerle caso a esa premonición.

Silvia chilla una palabra irreconocible y salta de la cama para trancarse en el baño. Toco la puerta una y otra vez hasta que ella sale, con la cara toda roja. - Soñé que te morías Lo dijo en un murmullo triste. - ¿Cómo? ¿Me mataron? - Sí. Yo te maté.

La abrazo y me río. Ella se sale de entre mis brazos y sigue llorando. - ¿Por qué te estás riendo? - ¿Por qué estás llorando? Si me matas, te lo agradecería. - Eres una imbécil. - ¿Qué quieres comer? Tengo hambre.

Ya eran las 6 de la tarde y no nos dimos cuenta. El sol sigue afuera casi igual de brillante y el calor, el maldito calor, no parece saber que ya casi es de noche. - ¿Soportas salir? Si cocinamos aquí creo que moriremos derretidas. - ¿A dónde? Bueno, me baño y vemos.

Me pongo ropa sin nada de ganas sobre la piel marcada por la toalla. Quisiera poder salir desnuda. Queda un le enrolado y lo prendo en el balcón. El vecino riega sus plantas y desde que huele la yerba se va y cierra estrepitosamente la puerta corrediza.

Lo ignoro y jalo más de lo que debería y tosiendo apago el le en las barras de metal que me separan del parqueo. Ya tengo toda la ropa sudada.

Espero nadie patologize (¿así es que se escribe?) esta narración.

Antes de conocer a Silvia vivía en otro sitio que ahora tiene otro nombre así que es inútil ubicarlo. Llovía demasiado. El sol parecía estar cubierto de una capa gruesa de papel encerado. Nunca tocó mi piel.

Alguien grita mi nombre desde la calle.

Oh no.

No voy a responder. Suena más alto mi nombre. Que no. Vete de aquí. No.

Silvia sale del baño y dice que quiere comida libanesa. - Sí. Pero espera un momento. - ¿Por qué? - Oye. - Ah. ¿Todavía sigue? Prendo el bate de nuevo.

Fumamos y ya no queda nada. La voz se fue también. Podemos salir. Oh, pienso en falafel. Hummus. Limonada con menta.

A veces no tengo ganas de seguir contando esto.

Cuando llegamos al restaurante nos dijeron que no tenían falafel.

De repente tengo muy mala suerte.

Han de ser los perros muertos.

Ay, pero pedimos muhammara y baba ghanush y el pan pita se derrite en nuestras bocas diamantes de aceite de oliva ají granada berenjena tahini. Qué sonrisa hermosa se forma en la cara de Silvia mientras come con los ojos cerrados. Me limpio la boca con menta y limón.

Escribo esto porque quiero que me escuchen. Quiero que sepan que existo aunque sea por un chiste.

O cualquier estupidez.

La persona que estaba gritando es un tipo de Pedernales que a veces anda por aquí, predicando. Un día hablamos en lo que yo sacaba la basura. Honestamente no recuerdo qué le dije, pero ahora pasa intermitentemente y grita mi nombre.

Anda con un bastón y una maleta envuelta en teipi negro.

Si quisiera que esta historia dejara una moraleja, sería la siguiente: No fumen jaraka.

Para llevar, dos quipes. Todavía tengo hambre y no espero a llegar a la casa. Me como mi quipe mientras con la otra mano agarro la bicicleta. La brisa me tira algo de trigo en la frente. Silvia tiene sus audífonos puestos y canta bajito una canción en francés (?).

Jaurías interminables de perros crema y perros negros y perros largos y perros flacos y perros diminutos y perros como moles.

No estoy intentando simbolizar nada con los perros.

En serio hay muchos perros.

Corren detrás de nosotras ladrando y jadeando.

Escribir esto así hace que mantener un tono se complique. Pero a quién le importa.

Casi me ahogo con el quipe y caigo en una cuneta. Silvia sigue de largo. Los perros me alcanzan.

Siento sus alientos sobre mí Su baba Estoy paralizada qué se hace frente a tantos animales qué hago qué hago Ya no tengo comida pero me olfatean Con tanta furia

Llego sarnosa a la casa.

Silvia se fuma un cigarrillo en el balcón y ni me mira. - ¿Por qué no me ayudaste? Silvia se me queda mirando como que no sabe de lo que hablo. - ¿No viste a los perros? - ¿Perros? - ¿No viste que me caí? - No.

Los perros me pasan por encima como si de repente hubiese dejado de existir.

¿Llego sarnosa a la casa?

Silvia no se está fumando un cigarrillo porque Silvia no está en la casa.

No me queda ninguna extremidad en el cuerpo. Sin embargo abro las puertas.

Digo, está aquí todo mi cuerpo pero me cuelga lánguido como un recuerdo de infancia.

¿Dónde estará Silvia?

La llamo a su celular. Suena dos veces y luego sale la grabadora. La llamo de nuevo. No suena.

Salgo a buscarla horrorizada, todavía llena de saliva canina.

Hago retumbar su nombre en la noche toda y es inútil porque ni ella ni nadie responden.

¿Cuántas veces no ha pasado lo mismo ya?

Desaparece otra mujer como si nada. Desaparece otra mujer.

Según los números oficiales, desaparecen 6 mujeres al día sólo en el Distrito Nacional. O personas con cuerpo de lo que sea que sea una mujer.

Todas se esfuman en circunstancias inverosímiles. La última que vi en las noticias fue una adolescente de 16 años que salió al parque con su papá y su hermano. En un momento estaba sobre un columpio y de la nada ya no.

Nadie ha hecho nada.

El presidente ya ni lo menciona. Nadie se escandaliza.

Ninguna ha vuelto.

Siento un crujir extraño en el pecho como si algo se empezara a desencajar.

Silvia Ortega Batista 29 años 1.67 metros Cabello marrón oscuro Ojos verdes Señas particulares: un tatuaje que dice "pelusa" en su brazo derecho Vista por última vez en San Carlos Vestía jeans oscuros y un t-shirt de Donna Summer Andaba en una bicicleta mamey

Olvidé mencionar su piel

Ningún sentido tiene llamar a la policía.

Silvia y yo la última vez que interactuamos con policías nos vieron besándonos y decidieron hacernos una vuelta en un parque que dique habían olido el le que dame la mochila que denme la célula No andábamos cargadas pero igual nos tumbaron como domil peso.

Otra vez yo había salido a montar bicicleta muy de noche y se me pichó una goma y las únicas personas cerca eran dos monos en un motor que se pararon y entre los dos quisieron acorralarme te la lleno si no da una mamaíta pero pasaron tres carros seguidos súbitamente

así que me mejor me dejaron varada y asqueada hasta que un grupo de ciclistas de uniforme pasó qué haces sola tan tarde y me llenaron la goma llegué a la casa y lloré sobre un plato de lechosa

El único policía bueno es un policía muerto.

¿A dónde se están llevando a todas estas mujeres? no puede ser que nadie sepa nada no puede ser

No ha aparecido ni un cuerpo.

Aún cuando se llevaron (?) a Yulissa un día después de la última vez que la vimos habíamos decidido que no íbamos a tener miedo.

¿Qué se suponía que hiciéramos? ¿Vivir en total paranoia? ¿No salir de la casa nunca como Sara y Paola y Jennifer y mi mamá y mis tías que me llaman todos los días para saber si sigo aquí?

Mierda es que qué se supone que una haga Silvia dónde estás Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia Silvia

Si lo pronuncio suficiente quizá me voltee y esto no esté pasando fueron los perros que me rompieron la cabeza que me aplastaron me dejaron sin aire estoy en delirio esto no está pasando Silvia está en la casa va a salir del baño y olerá todo como ella manzanilla y jazmín

Un hilo de sangre recorre la cara de Silvia como un gusano

No

No

Pensaba escribir algo y me lo arrebataron.

Iba a decir que me habían arrebatado muchas cosas antes pero estaría mintiendo.

A veces pienso y se me escapa.

Estoy sola en la casa y la música solo tiene un cuerpo carnoso para rebotar

Qué pasa si bailo sola entre los carros oxidados debajo framboyán que cubre mi mundo entero La casa no volverá como antes y esto no necesita decírmelo ningún reportaje.

No debería llamar a mi mamá ahora mismo pero a quién más le preguntaría cuando alguien parece haber muerto en mis brazos casi en la cama hace solo un rato la boca dulce y amarilla dulce

no sé cómo pretenden que siga escribiendo no sé qué más quieren de mí

Escribo olvido por qué tal vez sólo quiera la atención.

Si alguien me tocase ahora mismo, me desmoronaría.

Soy un pedazo de fruta podrida sobre el mueble de la sala. Mi piel es una sola mosca vibrando, una sola náusea.

Comienza a llover.

Soy una ridícula y me imagino parada bajo la lluvia gritando su nombre su nombre su nombre

Hasta no poder unir las sílabas jamás. Volverlo un balbuceo roto.

No lo hago.

Me encorvo y pienso

en otras cosas

Yo andaba con como tres le y un papelito en los brassieres, que sólo usaba en situaciones así.

Oscar todavía no llegaba lo cual era extraño porque la impuntual suelo ser yo. Estaba sola entre gente desconocida y tantos peces con los ojos grises. Extrañamente no había peste pero era que estaba en otra parte.

Y entonces no había hielo para los tragos porque el tiguere este Search no aparecía.

Llegó un pana que asumí correctamente era el DJ. No parecía que iba a poner música que me gustara. Pero estaba más bueno que el diablo.

Una vez casi ligo con un tipo que privaba en DJ pero por suerte mi performance de dignidad me lo impidió.

Estábamos medio borraches en casa de la amiga de un amigo. Yo no encontraba papel pa enrolar y él se sentó al lado mío en el mueble y me pasó uno.

Le agradecí brindándole un trago de mi vaso cerveza. Había escuchado a Sara decir que tenían que pedir más al colmado. Me miró como si le hubiese ofrecido algo magnífico y me pareció encantador.

Hasta que dijo que su grupo favorito era, todavía, Swedish House Mafia.

Al DJ se le acercaron las tipas de los bikinis fluorescentes para preguntarle si necesitaba algo. Él balbuceó no sé qué cosa mientras les miraba las tetas y las jevas se fueron, volteando los ojos. - Qué palomaso, dijo una

Yo seguí moviéndome por el catamarán que daba la sensación de ser tan largo que si caminaba lo suficiente llegaría a Puerto Rico. En la nalga del bote (¿cómo es que se llama eso?), había una neverita mal cerrada llena de pequeña. Cogí una y llamé a Oscar.

- ¿Tú no piensa llegar? - ¿A dónde? - ¿Cómo que a donde? A la fieta eta. - ¿Y eso era hoy? - Ah, pero tú quiere que yo te mate. - Mándame el location. Cuando cerré el teléfono la cantidad de personas en el bote se había duplicado. Pero el Search todavía na de aparecer.

Los tres le que tenía entre la teta en un ziplock tenían la siguiente composición: uno era de jaraka porque ni modo, los otros dos eran dos strains diferentes que le había capeado a [.] un mango kush y la otra cali algo

El papelito lo había llevado más como un amuleto

Propongamos que ahora el presente esté sobre Concha Nácar

No puedo sentarme en ningún sitio porque si me siento puede ser que se me rompan más los panties y la verdad que no toy en eso

~` , ) >゚)))彡 . . .. . .... .... .. .. .. . ;’. ・;’ .・ ;’.・;’. . . . ° . . . >゚)))彡.. . ... . ; . .. .. .. . . ,*. ,. ,

Una tipa con el pelo larguísimo se me acerca y me mira como que me reconoce. Yo nunca la había visto en mi vida.

Hace frío y su cabello se mueve medio lento. Me pide un lighter y le digo que a mí también se me quedó. Ella parece sonreír pero en realidad no entiendo su gesto. Sólo se fue.

Busco otra cerveza pero ya no quedan.

En cualquier lugar, la cerveza siempre se está acabando.

Oscar me llama por teléfono. Ya llegó. Atravieso la masa densa de gente hasta el muelle. - ¿Tú tiene fuego? Porque eto ta fuerte.

Escaneamos el área para encontrar un rincón seguro. Entre dos yates parqueados. Prendimos la sativa y como magia, el Search caminando al lado de nosotres cargando unas inmensas fundas de hielo sobre sus hombros.

Era aún más impresionante en persona. Tenía que medir al menos 6' 5 pero caminaba con tanta ligereza sobre sus zapatos blancos. Nos quedamos viéndolo meterse al catamarán, voceando un reguero de vainas que desde aquí no se entienden. Dejamos el le por mitad y lo seguimos.

Realmente no lo puedo seguir evadiendo.

Son demasiadas mujeres.

?????

¿Cómo pueden desaparecer?

¿A dónde van? ¿Quién se las lleva? ¿Para qué ? ? ? ???

Me paro del mueble y doy vueltas por la casa.

Abro el clóset y miro su ropa.

Sé que no la volveré a ver.

No sé a qué lugar de la casa dirigir mi mirada.

Estoy perdida en mi propia casa y sé que estoy sola.

Sin mentir, mataría

Me tiro en la cama sin remedio.

Habría que prestarle atención a la repetición de los verbos

¿Habría?

No tengo a nadie con quien hablar

..! ᕦʕ •ᴥᕦ༼✩ل͜✩༽ᕤʔ༼ᕙ (° ~ ° ~)✩ل͜✩༽ᕤᕦ༼✩ل͜ᕙ ° ~ ° ~) ~ •́ ₒ •̀ ~ ༽ᕤ ᕦ⊙෴⊙☉ᕦ༼✩ل͜✩༽☉)ᕗᕦ༼ ~ •́ ✩༽ ᕦ༼✩ل͜✩༽ᕤਊ☉ᕦ༼✩ل͜✩ ༽ᕤᕦ༼ ~ •́ ₒ •̀ ~ ༽ᕤ୧| ͡ᵔ ﹏ ͡ᵔ |୨ᕙ (° ~ ° ~)

Nunca dejará de llover

No sé qué tanta sinceridad pueda permitirme frente a ustedes

Quisiera no sentir que me impongo sobre las palabras

sin embargo, no puedo parar

el gato de la vecina se entra por el balcón pero esta vez no destruye nada

estoy parada en medio de la sala y lo veo moverse entre los muebles como si ya los hubiese recorrido antes

no puede ser que esté amaneciendo

quisiera moverme de mundo ahora pero ustedes no me lo perdonarían

No sé cómo le dice la vecina al gato porque sólo la he visto como 3 veces pero yo le digo Chiquito Botones

Chiquito Botones deja de moverse para mirarme y suelta un maullido denso y se va me estoy meando

En el baño aún la toalla de Silvia así que pego mi nariz para guardar su rastro en algún cartílago

siento algo caliente bajar por mi pierna

no me muevo termino y ya llorando

el sol comienza a meterse por la ventana como una gelatina

con la cabeza de la ducha mojo todo el piso

quiero inundar la casa

me quito la ropa y la dejo irse en el río

no puedo respirar

siento la gelatina envolverme estoy atomizada en una babosa y no puedo parar de llorar

Veo un zapato flotar cerca de mis rodillas

me sumerjo en el agua y nado

hasta la cama

¿Tiene siempre que haber una transición?

Había estado pensando entre las lágrimas que quizá no tiene sentido contar nada de esto

Pienso en algo pequeño que me contiene

Y simplemente

Sigo llorando

Ninguna imagen puede ocultar lo que

voy sintiendo

No me gusta el ritmo que llevo

Sin embargo, ya me he comprometido a seguir

quiero hablar de la deriva quiero hablar de la gente hablando cosas inentendibles quiero hablar ¿?

también puedo pretender que no ha pasado nada podría no sentir nada, realmente no sería tan difícil

sólo tengo que decir los comandos

aunque claro, no lo haré. prefiero estar aquí, deshecha

llena de agua

¿no lo haré?

Pienso en seguir escribiendo y siento el vómito subir

No quiero

¿En qué estará pensando Silvia?

¿Podrá, todavía?

No he hablado con nadie

La contengo para que no desaparezca.

Me siento completamente patética

No sé cuánto tiempo ha pasado. Si alguien me dijera que han pasado cuatro meses, le creería.

Pero no. Chequeo el celular y sólo hay un día de distancia.

Ninguna notificación.

Me quedo mirando la pantalla y marco el número de mi mamá.

- Hola - Se llevaron a Silvia no pararon las palabras los ladridos el silencio

Cierro el teléfono con todo el peso de lo que conté desencajándome la mano.

Mi mamá no dijo ni una sola palabra. Sólo escuché un sollozo entrecortado.

Se me sale un grito como de niña perdida en una plaza vacía. Nadie me vendrá a buscar.

Las palabras siguen dispersas a un paso de mi boca como esperando que las regrese. Pero no pueden volver.

Suena el celular. Es mi tía.

He desatado algo para lo que no estaba preparada. Lo siento llegar a mi puerta.

Tengo que salir de aquí.

Pero en vez de salir abro la laptop y busco alguna respuesta. Alguien tiene que saber algo es que no puede ser.

Busco entre los archivos alguna foto de Silvia que sirva para encontrarla. El teléfono sigue sonando.

Encuentro una. Silvia mira la cámara. Tiene puesta una camisa azul de lino que le queda medio grande. No ríe por completo pero en sus ojos se anticipa el gesto.

Coloco la foto al lado de la lista que la describe.

¿La han visto? En letras grandes.

Vista por última vez.

Salvo el documento y lo meto en una memoria.

Miro el aparatito y siento que es una traición, no sé por qué.

Lo pongo debajo de la almohada y me duermo.

Me despierto temblando, como sudando una fiebre. Dormí sólo veinte minutos.

Ni me baño y salgo a buscar un sitio de fotocopias.

En una pizarra de corcho al lado de un printer dañado, las caras de cuatro mujeres. Yamilé, Johana, Maricarmen, Natalia.

Las cuatro desaparecieron hace menos de un mes.

No parecen tener nada en común.

Al menos aquí puedo borrar lo idiota.

Tengo 36 llamadas perdidas. Espero a que el pana me atienda detrás del calor de un CPU.

Le paso la memoria. - ¿Cuál e? - El que dice "Silvia" Aparece su cara en la computadora y me asusto.

Casi pego un grito pero decidí mejor clavarme las uñas en el brazo.

200 copias

Salgo con la pila de papeles dentro de un sobre manila, como si la llevara en una bandeja. El sol me deja medio ciega y se me cae el sobre en la cuneta (seca). Lo miro como buscando una señal porque a veces soy supersticiosa pero no hay nada. Lo recojo y camino hasta el metro.

En el medio de la Juan Pablo Duarte me paro y le doy su nombre a quien lo reciba.

Una señora me dice que tiene siete meses buscando a su sobrina. Lo único que han escuchado es que alguien la vio en un colmado en Nagua, bebiendo romo empicá de la botella. - Hace cuatro mese deso. Un hombre medio ronco fue que llamó pero cerró de una ve.

Mientras se va, me dice que su sobrina se llama Suleimy y tiene 17 años.

Sigo entregando lo que me queda de las copias hasta que un seguridad me dice que no puedo estar haciendo eso. No le pregunto por qué.

En la calle me siento como un insecto debajo de un rayo de sol magnificado. Me voy derritiendo entre lágrimas y sudor.

Olvidé que había subido la foto a las redes.

73 llamadas perdidas, 140 notificaciones varias.

Y un correo indecifrable que extrañamente no cayó en spam.

Un montón de palabras inconexas que terminan con un link.

Es un archivo que se empieza a descargar inmediatamente.

Es una foto de su boca.

De la boca de Silvia.

Me quedo mirando la pantalla hasta que casi desaparece.

¿Por qué una foto de su boca?

¿Y quién? ¿Qué quiere?

El remitente es un correo de una de esas páginas donde se crean emails de un solo uso. 7839.3726@huthut.com

Bajando la Máximo Gómez como una autómata y los carros van tan rápido que suenan como la lluvia.

Qué cruel pensar en su boca y no poder ni mirarla.

Colosal mamagüebo quien esté haciendo esto.

Fantaseando inútilmente vuelvo a la casa y abro la computadora.

Si busco el email sé que no va a salir nada pero de todas formas se lo pongo a Google en el hocico para que lo encuentre.

Ok

Hay un resultado

El número varía ligeramente pero tiene el mismo dominio. Aparece en un blog que se llama "Hortensia en la noche". Hago click

Es un blogspot cualquiera con un fondo de obviamente hortensias teseladas.

No hay muchas entradas. Quizá una docena.

Abro el primer post. No tiene título pero por dentro 125 nombres edades y descripciones

Al pie de página un rango de tiempo tan pequeño que lo siento como una canica rebotar sobre mi esternón.

Las demás entradas son iguales pero después de la décima empiezan a aparecer unas listas de direcciones de correo.

Tienen dominios diversos pero todas en su nombre tienen una secuencia de números que comienza con un 7.

Hay al menos 1700 nombres de mujeres desaparecidas en diferentes lugares del país en los últimos 10 años.

Escondido entre vínculos, el correo de Hortensia.

h.o98@hotmail.com

Creo que Hotmail ya ni funciona pero igual abro mi correo y lo copio para enviar un mensaje

pero qué voy a decir

Hortensia se perdió Silvia anoche estábamos volviendo de comer estábamos riendo estábamos bailando y unos perros me atacaron y después todo mal todo mal todo mal

Redacto algo coherente y lo envío como si lo amarrara a la pata de una paloma tuerta.

Me quedo con la mano en el trackpad pensando esperanzada que Hortensia o cómo se llame me va a responder al segundo y que justo cuando empiece a explicarle la historia Silvia tocará el timbre y yo abriré la puerta y la encontraré medio descompuesta pero viva

y no le preguntaré nada todavía sólo le daré un té y la bañaré y la llevaré hasta la cama y la miraré dormir

Con los ojos hinchados miro la computadora impaciente

No sé cuánto tiempo ha pasado pero tengo hambre. Voy a la cocina y abro la nevera.

No tengo ganas de cocinar nada.

Mientras veo comida que no tengo dinero para pedir, me llega un correo.

el diablo eso fue demasiado rápido no estoy lista miro la notificación como si fuese un animal rabioso pero abro el correo igual

Se llama Patricia y vive en San Cristóbal.

Ha estado pendiente de las desapariciones desde que a una prima suya se la llevaron (así dice ella) mientras buscaba a su iguana en el veterinario.

De eso hace casi 4 años.

"Clotilde, la iguana de Hortensia, llegó a la casa como sabiendo que Hortensia no iba a volver. Fue algo muy extraño. Había algo en su mirada cuando la devolví a su hábitat que me dijo que ni la buscara. Pero aquí estoy"

Leo el correo una y otra vez.

Siento que no le creo.

Hay una cosa mecánica en la forma en la que está escrito, como si fuera una respuesta automática.

Siento mi paranoia en la punta de cada uno de mis cabellos.

El correo de respuesta se empieza a escribir solo bajo mis dedos necesito saber algo cualquier cosa Hola, Patricia

Le cuento sobre el día y es como desintegrarse qué extraño se discola la membrana del asunto mi cuerpo boya en la playa y yo Sigo tecleando Cuento cada detalle, estoy desesperada

Hago click en enviar

El Search iba moviéndose entre la gente como una serpiente y nosotres detrás de él como la marca en la tierra Las gotas de agua que rodaban por su espalda destellaban verdes por las luces de discoterraza

Nunca había visto tanta gente feliz por par de fundas de hielo pero realmente era entendible Algo pegados a la nuca todos los cabellos

Oscar y yo nos fuimos esquineando para ver mejor el espectáculo Todes en la fiesta mirando al Search llenar neverita tras neverita de humeante hielo

La última neverita está llena y el Search sale del bote De no sé dónde aparecen los vasos foam Veo una caja de cerveza y contemplo reservar hielo para ellas

Una de las jevas con bikini se me adelanta. Dijo que se llama Fresa. Seguro me está mintiendo pero pretendo creerle qué bella es

Embelesada viéndola poner las cervezas una por una entre los hielos El sonido se funde con la música y la brisa que a veces vuelve Oscar me hace una seña. Regresó el Search.

Todo aquí dentro tiene textura de espectáculo

Tan fuerte eto le

Fresa se me acerca con una cerveza y ni siquiera me importa que es una Corona. Le pregunto que de quién es la fiesta. - Del diputado de Boca Chica, dice e inmediatamente le da un jalón a su gare

Qué mierda de cerveza

No sé cómo se llama el diputado de Boca Chica pero me llega una cara inmediatamente una nariz larga y ancha y una cicatriz en el pómulo derecho tres tonos más oscura que su piel sonríe un diente medio negro por su boca entreabierta

me pregunto de quién será ese rostro en realidad parece un jabao cualquiera excepto que tiene un ojo azul y otro verde reptil

Alguien toca la puerta de la casa

Me doy cuenta de que no he movido la mano del mouse en todo este tiempo y la muñeca me grita algo inteligible cuando lo suelto

Llego a la puerta y ya no hay nadie. Sólo alcanzo a ver un cuerpo sombrío que se desplaza rápido, gabeándose por el portón

A mis pies, un papel amarillento Lo levanto y en letra pequeña: Silvia

Un fermento de miedo se asoma en la parte de atrás de mi garganta

El papel se siente como una plancha caliente de metal sobre mis manos pero no lo suelto. Lo inspecciono queriendo encontrar una huella de la sombra que vi.

No hay nada.

Sólo su nombre.

Dejo el papel sobre la mesa y antes de llegar al baño, vomito. Pero no tengo nada que vomitar. No he comido. Una mancha patética de bilis cubre la esquina de un mosaico.

Busco papel y la limpio mientras lloro y pienso en qué querrán de mí en cómo me encontraron en por qué nosotras en por qué todas las demás esto tiene que ser insufrible de leer yo no sé nada no tengo nada que darles

El sonido hambriento de un camión de basura me hace salir de mi estupor. No he llamado a la mamá de Silvia.

Busco en mi teléfono su número y marco. Está apagado. Llamo a la casa. 𝐸𝑙 𝑛𝑢́𝑚𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑢𝑠𝑡𝑒𝑑 𝑚𝑎𝑟𝑐𝑜́ 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑒𝑟𝑣𝑖𝑐𝑖𝑜

Qué torpe narrativa la que he estado armando, qué cliché

Quiero gritar.

Llamo a mi mamá. Si ella tampoco contesta el teléfono voy a dejar de escribir porque esto será una historia de mierda, sin salida.

Suena cuatro veces

- Hola, mami - ¿Dónde estás? ¿Estás en tu casa? Voy para allá Cerró antes de que pudiera responderle.

Voy al baño y palpo mi cara en el espejo. Parezco un estropajo. Necesito bañarme. Dejo el agua recorrerme como una mano tibia. Me pongo ropa limpia. Un t-shirt de Silvia.

Vuelvo a abrir la nevera y me como un pedazo de sandía desabrida.

Realmente no lo como. Lo mastico hasta hacerlo pulpa y lo escupo en la composta.

Quisiera meter mi cabeza ahí adentro. Dejar que un gusano aumente mi vida útil.

Suena el timbre desesperadamente.

Mi mamá me envuelve en un abrazo y me descompongo. Increíble poder seguir llorando.

No quiero seguir escribiendo esto. Quiero escribir de otra cosa. Quiero escribir de otra cosa.

Debí ponerle otro nombre a esta torpeza así quizá no la hubiese enraizado en este momento. Quizá pude incluso haber escrito sobre alguien más.

No me soporto.

Mi mamá me suelta y yo me siento volver a la casa. Me pregunta que si ya comí y le digo que no.

En el mueble cierro los ojos los abro estoy en la mesa y frente a mí arroz habichuelas negras plátano maduro frito ensalada de repollo morado

Como lentísimo mientras mi mamá me hace preguntas dónde estaban qué hacían por qué salieron solas llamaste a la policía deja ver pásame el teléfono deja hacer el reporte Cuento los granos de arroz en el plato en silencio 132

La oigo hablar y su voz se pierde entre el sonido del repollo en mi boca. Lee la información que puse en el flyer. La repite como cinco veces y cierra el teléfono. - La van a buscar. Va a aparecer. - Sabes que no.

Mientras friego, pienso en contarle lo que pasó hoy. El blog, el correo, el papel amarillo. En vez de eso le pregunto si puedo irme a dormir a su casa.

Meto algo de ropa en una mochila y nos vamos.

En el carro suena una salsa indistinta. Por la ventana contemplo la calle casi vacía. No nos decimos nada.

Cuando termina la canción, un sonido como de boletín informativo. Una voz metálica lee una lista de nombres, edades, señas particulares, últimos lugares de avistamiento. Al menos 20 nombres y luego, el de Silvia.

Me sorprende lo rápido que actualizan la base de datos.

Nos paramos en la farmacia. La cajera saluda a mi mamá por su nombre. Alejandra. - Dame dos de la máquina La de la farmacia pulsa unos botones en una máquina brandeada de la loto y salen dos papelitos.

- El otro día el vecino mío se ganó cincuenta mil. La mujer lo encontró doblao en una cabaña con do carajita de veintiuno el jueve. Mi mamá mete los números cuidadosamente en su cartera.

Pienso en que hubiese sido conveniente tener la receta del clonazepam al día. No voy a la psiquiatra desde hace como siete meses.

- ¿Esa es tu hija? Estoy parada comiéndome las uñas viendo las revistas y los chocolates. No aprecio su tono de pena pero lo entiendo. Me veo horrible. Mi mamá le dice algo bajito y la cajera no deja de mirarme pero su cara cambia. Va a la parte de atrás de la farmacia.

Vuelve con una tirilla de algo que no reconozco. - Tómate una antes de dormir Agarro las pastillas y las palpo por fuera. Supongo que son somníferos.

Entramos a la casa. Ahora que lo pienso, tenía más de un año sin venir. Hay dos cerraduras nuevas en la puerta.

Dos pastillas y adiós.

Ni cuenta me di cuando quedé dormida. Estoy sentada al borde de la cama en la que pasé toda mi adolescencia. Casi igual de desorientada Son las 11 am

Fresa me invita al baño tocándose la nariz 𝑡𝑎 𝑗𝑒𝑣𝑖 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑡𝑒 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑣𝑜𝑦 𝑎 𝑑𝑎𝑟 𝑝𝑒𝑟𝑖𝑐𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑡𝑖 Igual la sigo

Dos hombres salen subiéndose el zipper, tambaleándose patéticamente. Fresa y yo entramos al baño pequenísimo del catamarán y ella saca una fundita de un polvo blanco y un palito largo color plateado.

En vez de hacer líneas, hace unos montículos pequeños sobre una bandejita que también traía en el bolsillo tres Me pone tres a mí y me pasa la bandejita Le digo que yo no me doy perico - Es keta, dice, restregándose la nariz Acepto y jalo el polvillo

Nos quedamos un rato en el baño como si estuviésemos esperando a alguien Pero nadie llegó

Salimos a la fiesta e increíblemente habían llegado más personas Fresa me hace un gesto de que se tiene ir. Esta vez no la sigo y busco a Oscar entre la gente Lo encuentro sentado donde mismo estaba

Me arde la nariz

Le pregunto qué ha visto y me dice que nada muy interesante. Sólo gente yendo y viniendo a buscar alcohol - ¿Y el Search? - No sé. No lo he vuelto a ver. ¿Lo buscamos? Agarramos una cerveza para cada une y nos disponemos a encontrarlo

Le cuento lo que me dijo Fresa me está subiendo la nota sobre el alcalde de Boca Chica le digo que me dio la impresión de que era medio reptil - Todos los políticos son reptiles, con el perdón de los reptiles

Mientras nos escurrimos entre la cantidad imposible de gente mi cuerpo se va poniendo ligero sonrío internamente qué estará haciendo Fresa caminamos caminamos qué largo este barco voy mirando a todos lados y casi choco con alguien el Search

Estamos frente a él y realmente no sabemos qué decirle nunca lo pensamos ahora que lo tenemos en frente se ve aún más alto se nos queda mirando con una emoción que no distingo y Oscar le dice algo pero no lo entiendo haha por qué estamos aquí hahaha

Oscar y el Search siguen hablando yo sigo sin escuchar nada sinceramente no me interesa ya el Search quiero ver dónde está Fresa

le hago una seña a Oscar que no sé si ve y me voy

levanto la cerveza para beber un trago pero está vacía la botella entonces camino y me pongo en la fila que se ha armado frente a la donde está el alcohol

no sé de dónde está saliendo todo este romo ni quién lo está poniendo no he visto a nadie sacar dinero las cosas sólo se llenan de nuevo magia

bueno perate sí sé el Alcalde de Boca Chica

estaría gracioso que el Search fuese el alcalde de Boca Chica pero no estoy escribiendo esto así

alguien me pasa la mano por el brazo está fría y algo mojada

antes de poder voltearme a ver quién es ya Fresa está frente mío con una mano está agarrando dos cervezas no sé cómo se llaman estas no las había visto antes botella ámbar clarísimo etiqueta rojiza

me pasa una me bebo la mitad de un tiro ni sé cómo gas

necesito sentarme - ¿Y a dónde? Fresa se ríe yo no dije eso en voz alta ¿yo dije eso en voz alta?

- Sí Mi mamá toca la puerta de la habitación

Uno de los perros de aquella noche era tuerto. En remplazo de su ojo izquierdo había quedado una cicatriz con forma de uva podrida.

Negro con una mancha grande en la espalda marrón y roja sarna. Lo recuerdo bien, fue el primero que corrió tras nosotras. No era el más rápido, estaba viejo.

Detrás de él y luego delante la manada parecía un gusano vibrando dando vueltas en círculos corrían muy extraño esos perros temblorosos llenos de sarna cojos desnutridos

Costillas de perro

Costillas de perro sobre nosotras fue lo primero que sentimos y luego nada

- ¿Por qué importa tanto que los perros tengan sarna?

No sé

Mi mamá sigue tocando la puerta de la habitación. O al menos el sonido de los golpes se ha quedado suspendido sobre mi cabeza.

su voz tienes que comer algo ya está casi lista ven a poner la mesa

Entro al baño evitando mirar el espejo no quiero quedarme con esta imagen mía no soporto ninguna imagen más

El cuchillo del lado izquierdo con la parte que corta mirando al plato el tenedor a la derecha ambos sobre una servilleta alineado todo perfecto como que eso cambiará algo

Mientras como, me doy cuenta de que me dejé derrotar demasiado rápido

Agua jabonosa sobre los trastes voy pensando en algo

El alcalde de Boca Chica se llama Onésimo de la Cruz. Siempre habla orgulloso de cómo su mamá lo puso en un colegio privado con el dinero que se ganaba alternando entre freír pescado y hacer trenzas.

Todo el mundo en Boca Chica sabe que Onésimo es un jablador. Su mamá tenía un gringo en Connecticut que en ese entonces le mandaba dinero.

Realmente todo lo que dice Onésimo de él es mentira. Lo cual es increíble considerando que con ese poder de inventiva nunca pensó en cambiarse el nombre.

Logró la candidatura dándole el culo a un narco que controla todos los puntos desde La Caleta a Bayahibe. Según [ ], Onésimo es quien mejor se lo mama. El dinero que se movió en esas elecciones todavía lo están contando.

Antes de ser alcalde, Onésimo tenía un dealer de carros "exóticos". En la radio sonaba la voz de Onésimo con financiamiento disponible car was grati por un año De la cru auto impor bugatti malaren ferrari pintao de ferragamo de la cru auto impor carrosessotico

Me caí

Fresa no se ríe me ayuda a levantarme y se asegura de que nadie me haya visto realmente no me importa que alguien me esté viendo su mano está envolviendo la mía y me siento nadie me está viendo una niña

Su mano se vuelve una botellita de agua bebo bebo bebo

qué mala está la música pero todes bailan y bailan soy egoísta y pido

Fresa no puedes hablar con el dj ¿ ? ¿ ? ¿ ? dile que ponga otra cosa eso sí lo dije en voz alta, no ? ¿ Sí a mí haha ha voy tampoco me gusta espérame aquí

necesito sentarme necesito sentarme

encuentro una esquina vacía de un pseudomueble y me deslizo

el diablo

el olor

el olor de los peces me quitó toda la nota

¿Nadie más los huele?

Miro el agua que no es agua sino cementerio ojos podridos

prendo el flash de mi celular y lo apunto a los peces ¿? no son peces

no sé qué son estas cosas pero no son peces sí tienen forma de pez ojos de pez pero algo me dice que estos muertos no son peces

además nadie más parece haberlos visto incluso yo misma ni se los mencioné a Oscar qué extraño

hay un vaso de foam al lado de mi pie y me siento tentada a agarrarlo para sacar una muestra de las creaturas

agarro el vaso y lo hago

la creatura entra al vaso y cuando voy a mirarla no está desde que cruzó la materia que separa al mar del catamarán se esfumó en el vaso sólo queda agua turbia

no sé por qué digo la materia si no hay nada palpable que los separe sólo extrañeza devuelvo el agua al mar y el vaso al piso

miro a la gente ensardinada en este barco imposible y la nota vuelve a subirme violenta náusea

Me doy cuenta de que igual estoy inundada de formalidades

Los secuestros tienen un patrón errático en común, suceden en la calle Esto no es una cualidad particularmente interesante.

Paola Andrea Castillo Pérez, 23 años mide 5'6" tiene la piel oscura una seña distintiva en su brazo en forma de amapola en el momento de la extracción puestos un jean claro una blusa de tiros blanca Fue secuestrada luego de que la misma tuviese un accidente

De entre dos carros aplastados casi en su totalidad testigues dicen en forma de palomita dos personas vestidas con pantalones oscuros y polos azul y negro respectivamente sacaron a Paola Andrea del asiento de conductor de un Hyundai Elantra rojo

Se fueron lentamente y luego siguieron subiendo la Sarasota desde la Juan Miguel Román Esto sucedió hace 9 meses

. ⬜ _ . esperando

había dicho primero que Onésimo era el diputado de Boca Chica y olvidé mencionar que Fresa después se corrigió no no es diputado espera es el alcalde el alcalde

ustedes no tienen manera de saber si estoy mintiendo pienso _ _ _ _ __ _ _ ___ __ { } * siento mis panties deshilacharse completamente

había estado sedada y no me di cuenta ahora qué hago ? ? > > , , , , , , , " . . . . l . " [ ... ¨ * ! ! ! ! _ bueno, iré al baño andar comando

Súbitamente al poner los platos a secar recuerdo la llamada que recibió Silvia su mamá había sido secuestrada ¿por qué nos lo tomamos a la ligera? ¿en qué estábamos pensando?

Vuelvo a marcar su teléfono - - - línea cortada

Mi mamá entra a la cocina y me ve viendo el agua escurrirse de los platos - Creo que a la mamá de Silvia también se la llevaron Le cuento la llamada el chiste tontería tontería

No hay ninguna cosa única, todo está sucio. miro la pantalla de mi computadora esperando que llegue un correo de Hortensia

De camino a mi casa mi mamá me preguntaba sobre la mamá de Silvia le decía que tampoco coge el teléfono le contaba lo de la llamada y el cielo se partía en una cantidad tan ridícula de mar sobre nosotras

No sé por qué tengo todo este rato pensando en explicaciones

No hay ninguna palabra posible que no sea en si misma una mentira No me gusta cómo suena eso * Ya les he negado demasiado

- Me habías dicho - Yo sé



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